“Antes todo eran risas y juegos en el jardín, ahora… ya no hay niños”
Hace algunos años la residencia para niños dirigida por un matrimonio joven, Ágata y Manuel, cerró por motivos que aún hoy en día son desconocidos.
Ágata convirtió aquel pequeño edificio en una casa rural y recibe con amabilidad a sus invitados.
En el pueblo todo el mundo habla de esta situación, unos aseguran que Manuel abandonó el lugar sin dar una sola explicación, en cambio otros, creen haberle visto muchas noches inmóvil ante las puertas de la casa.
La enfermera, Ángela, que cuidaba de los niños pasa las tardes sentada en el jardín, siendo feliz al observar a Bruno cuidar las plantas del lugar.
Él es uno de aquellos chicos que crecieron en la residencia. Ahora, es junto a la dueña el encargado de recibir y atender a los visitantes, un muchacho al que la oscuridad de la noche le sigue aterrando.
Al caer el sol se escuchan los llantos incesantes de un bebe, y es entonces cuando Bruno es capaz de pronunciar solamente una palabra: AYUDADME. |